Documentos y Declaraciones UNESCO
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Declaración sobre las Responsabilidades de las
Generaciones Actuales para con las Generaciones
Futuras
adoptada el 12 de noviembre de 1997 por la Conferencia
General de la UNESCO en su 29ª reunión
La Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, en su 29ª reunión celebrada en París del 21 de octubre al 12 de noviembre de 1997,
Teniendo presente que en la Carta de las Naciones Unidas los pueblos han expresado solemnemente su voluntad de "preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra" así como los valores y principios que consagran la Declaración Universal de Derechos Humanos y todos los demás instrumentos pertinentes del derecho internacional,
Tomando en consideración las disposiciones del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y del Pacto Internacional de Derechos Cívicos y Políticos, aprobados el 16 de diciembre de 1966, y las de la Convención sobre los Derechos del Niño aprobada el 20 de noviembre de 1989,
Preocupada por la suerte de las generaciones futuras ante los desafíos vitales que plantea el próximo milenio,
Consciente de que en esta etapa de la historia corren peligro la existencia misma de la humanidad y su medio ambiente,
Poniendo de relieve que el pleno respeto de los derechos humanos y los ideales de la democracia constituyen una base esencial para proteger las necesidades y los intereses de las generaciones futuras,
Afirmando la necesidad de establecer nuevos vínculos equitativos y globales de colaboración y solidaridad entre las generaciones y de promover la solidaridad intrageneracional con miras a la perpetuación de la humanidad,
Recordando que las responsabilidades de las actuales generaciones para con las futuras ya se han mencionado en distintos instrumentos, como la Convención para la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural, aprobada por la Conferencia General de la UNESCO el 16 de noviembre de 1972, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el
Convenio sobre la Diversidad Biológica aprobados en Río de Janeiro el 5 de junio de 1992, la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo aprobada por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo el 14 de junio de 1992, la Declaración y el Programa de Acción de Viena aprobados por la Conferencia Mundial de Derechos Humanos el 25 de junio de 1993, y las resoluciones de la
Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la protección del clima mundial para las generaciones presentes y futuras aprobadas desde 1990,
Decidida a contribuir a la solución de los problemas mundiales actuales mediante una cooperación internacional reforzada, a crear las condiciones para que la carga del pasado no comprometa las necesidades ni los intereses de las generaciones futuras y a legar a éstas un mundo mejor,
Resuelta a actuar para que las generaciones actuales tomen plena conciencia de sus responsabilidades para con las generaciones futuras,
Reconociendo que la tarea de protección de las necesidades y los intereses de las generaciones futuras, en especial mediante la educación, es fundamental para el cumplimiento de la misión ética de la UNESCO cuya Constitución consagra los ideales "de la justicia, la libertad y la paz" fundados en "la solidaridad intelectual moral de la humanidad",
Teniendo presente que el destino de las generaciones e venideras depende en gran medida de las decisiones y medidas que se tomen hoy y que los problemas actuales, comprendidos la pobreza, el subdesarrollo tecnológico y material, el desempleo, la exclusión, la discriminación y las amenazas al medio ambiente, deben resolverse en beneficio de las generaciones presentes y
futuras,
Convencida de que existe una obligación moral de formular, para las generaciones presentes, unas reglas de conducta que se inscriban en una perspectiva amplia y abierta al porvenir,
Proclama solemnemente, en este día 12 de noviembre de 1997, la presente Declaración sobre las Responsabilidades de las Generaciones Actuales para con las Generaciones Futuras
Artículo 1 - Necesidades e intereses de las generaciones futuras
Las generaciones actuales tienen la responsabilidad de garantizar la plena salvaguardia de las necesidades y los intereses de las generaciones presentes y futuras.
Artículo 2 - Libertad de elección
Es importante tomar todas las providencias necesarias para que, respetando los derechos humanos y las libertades fundamentales, las generaciones presentes y futuras puedan escoger libremente su sistema político, económico y social y preservar su diversidad cultural y religiosa.
Artículo 3 - Mantenimiento y perpetuación de la humanidad
Las generaciones actuales deben esforzarse por asegurar el mantenimiento y la perpetuación de la humanidad, respetando debidamente la dignidad de la persona humana. En consecuencia, no se ha de atentar de ninguna manera contra la naturaleza ni la forma de la vida humana.
Artículo 4 - Preservación de la vida en la Tierra
Las generaciones actuales tienen la responsabilidad de legar a las generaciones futuras un planeta que en un futuro no esté irreversiblemente dañado por la actividad del ser humano. Al recibir la Tierra en herencia temporal, cada generación debe procurar utilizar los recursos naturales razonablemente y atender a que no se comprometa la vida con modificaciones nocivas de los
ecosistemas y a que el progreso científico y técnico en todos los ámbitos no cause perjuicios a la vida en la Tierra.
Artículo 5 - Protección del medio ambiente
i. Para que las generaciones futuras puedan disfrutar de la riqueza de los ecosistemas de la Tierra, las generaciones actuales deben luchar en pro del desarrollo sostenible y preservar las condiciones de la vida y, especialmente, la calidad e integridad del medio ambiente.
ii. Las generaciones actuales deben cuidar de que las generaciones futuras no se expongan a una contaminación que pueda poner en peligro su salud o su propia existencia.
iii. Las generaciones actuales han de preservar para las generaciones futuras los recursos naturales necesarios para el sustento y el desarrollo de la vida humana.
iv. Antes de emprender grandes proyectos, las generaciones actuales deben tener en cuenta sus posibles consecuencias para las generaciones futuras.
Artículo 6 - Genoma humano y diversidad biológica
Ha de protegerse el, genoma humano, respetándose plenamente la dignidad de la persona humana y los derechos humanos, y preservarse la diversidad biológica. El progreso científico' y tecnológico no debe perjudicar ni comprometer de ningún modo la preservación de la especie humana ni de otras especies.
Artículo 7 - Diversidad cultural y patrimonio cultural
Las generaciones actuales deberán velar por preservar la diversidad cultural de la humanidad respetando debidamente los derechos humanos y libertades fundamentales. Las generaciones actuales tienen la responsabilidad de identificar, proteger y conservar el patrimonio cultural material e inmaterial y de transmitir ese patrimonio común a las generaciones futuras.
Artículo 8 - Patrimonio común de la humanidad
Las generaciones actuales han de utilizar el patrimonio común de la humanidad, según lo define el derecho internacional, sin comprometerlo de modo irreversible.
Artículo 9 - Paz
i. Las generaciones actuales deben velar por que tanto ellas como las generaciones futuras aprendan a convivir en un ambiente de paz, seguridad y respeto del derecho internacional, los, derechos humanos y las libertades fundamentales.
ii. Las generaciones actuales es deben preservar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra. Con ese fin, han de evitar que las generaciones futuras sufran las consecuencias perjudiciales ocasionadas por los conflictos armados y otros tipos de agresiones y la Utilización de armas, contrarios a los principios humanitarios.
Artículo 10 - Desarrollo y educación
i. Las generaciones actuales han de legar a las futuras las condiciones para un desarrollo socioeconómico equitativo, sostenible y universal, tanto individual como colectivo, en particular, mediante una utilización justa y prudente de los recursos disponibles a fin de luchar contra la pobreza.
ii. La educación es un instrumento importante para el desarrollo de los seres humanos y las sociedades. Debe utilizarse para fomentar la paz, la justicia, el entendimiento, la tolerancia, la igualdad en beneficio de las generaciones actuales y futuras.
Artículo 11 - No discriminación
Las generaciones actuales deben abstenerse de realizar actividades y de tomar medidas que puedan ocasionar o perpetuar cualquier forma de discriminación para las generaciones futuras.
Artículo 12 - Aplicación
i. Los Estados, el sistema de las Naciones Unidas, otras organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales, los particulares y los organismos públicos y privados han de asumir plenamente las responsabilidades que les incumben en la promoción, especialmente mediante la educación, la formación y la información, del respeto de los ideales consagrados en la presente
Declaración y fomentar su pleno reconocimiento y aplicación efectiva por todos los medios apropiados.
ii. Teniendo presente la misión ética de la UNESCO, se invita a la Organización a difundir la presente Declaración lo más ampliamente posible y a adoptar todas las medidas necesarias en sus esferas de competencia, para
sensibilizar al público a los ideales que en ella se consagran.
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DECLARACION DE KISHINEV
"POR UNA CULTURA DE PAZ Y DIALOGO ENTRE CIVILIZACIONES"
Kishinev, República de Moldavia, 18 de mayo de 1998
Los participantes en el foro internacional "Por una cultura de paz y diálogo entre civilizaciones, contra una cultura de guerra y violencia", reunidos en Kishinev, capital de la República de Moldavia, del 16 al 18 de mayo de 1998, por iniciativa de personalidades moldavas del mundo de la cultura y por invitación del Sr. Petru Lucinschi, Presidente de la República de Moldavia, y el Sr. Federico Mayor,
Director General de la UNESCO,
Apoyando firmemente los esfuerzos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura encaminados a desarrollar y difundir el concepto de cultura de paz, a elaborar la Declaración sobre el derecho humano a la paz como base de la cultura de paz y a ejecutar el proyecto "Hacia una cultura de paz" que, en el umbral de un nuevo siglo y un nuevo milenio, expresa el deseo y la
determinación de la comunidad internacional de poner fin a la cultura de guerra y violencia para preservar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra,
Reconociendo que para alcanzar este objetivo es necesario no sólo modificar las estructuras y las doctrinas militares, sino también suscitar cambios radicales en la propia cultura, sustituyendo la cultura de violencia y guerra por una cultura de paz e inculcando en la conciencia de las personas el respeto de la diversidad cultural y religiosa, una actitud comprensiva respecto del carácter excepcional de la
individualidad del ser humano y una actitud tolerante y benevolente hacia todos los miembros de la familia humana, con independencia de la raza, el color, el género, el idioma, la religión, las ideas políticas y de otro tipo, el origen nacional o social y la situación en relación con la propiedad o la clase social o cualquier otro factor,
Convencidos de que sin una educación fundamentada en los derechos humanos no puede existir una educación inspirada por una cultura de paz y, en el año del cincuentenario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, plenamente comprometidos con sus ideales, en los que se afirma la dignidad inherente de todos los miembros de la familia humana y sus derechos idénticos e inalienables, que constituyen el
fundamento de la libertad, la justicia y la paz universal,
Estimando que la manera idónea de hacer frente a los desafíos del presente y del futuro consiste en construir una cultura de paz y, por consiguiente, en reconocer y poner en práctica el derecho humano a la paz,
Celebrando sinceramente la Resolución 52/15 aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1997 por iniciativa de la UNESCO, que proclama el año 2000 Año internacional de la Cultura de la Paz,
Hacemos un llamamiento a todas las personas e instituciones públicas que difunden en distintos lugares del mundo los principios y la práctica de la cultura de guerra y violencia, que suscita conflictos entre grupos étnicos, religiosos, lingüísticos y otros, el aumento de la xenofobia y del nacionalismo agresivo, y que intervienen en distintas manifestaciones de fanatismo y fundamentalismo, para que multipliquen
sus esfuerzos y se sumen a los nuestros en los albores del año 2000, Año Internacional de la Cultura de la Paz, víspera de un nuevo siglo y de un nuevo milenio, con miras a consolidar una cultura de paz basada en los valores humanísticos de la civilización humana.
La humanidad tiene ante sí una ocasión excepcional de adelantar el reloj, simbólicamente hablando, de la hora de la cultura de guerra a la hora de una cultura de paz. Con el final de la Guerra Fría, la comunidad internacional tuvo una nueva oportunidad de reconsiderar numerosos valores, actitudes y comportamientos anteriores que obstaculizan la construcción de un mundo más seguro, más justo y más humano, en
consonancia con los ideales y objetivos de las Naciones Unidas.
Aunque reconozcamos debidamente los logros intelectuales, espirituales y prácticos que han redundado en beneficio de la humanidad, también debemos admitir abiertamente los males del presente y los peligros del futuro. Las disparidades cada vez mayores que existen entre países ricos y países pobres y entre las personas ricas y pobres, la destrucción constante del medio ambiente y, al mismo tiempo, la prosperidad de la
industria militar y el comercio de armas son asuntos que hacen dudar de muchos de los valores y normas del desarrollo de la civilización y que contribuyen a crear paulatinamente un ambiente de depresión, intolerancia y violencia en los países más pobres y en los sectores más desfavorecidos de la población.
El progreso, que en muchos aspectos ha hecho que la vida humana sea más cómoda y atractiva en apariencia, la ha vaciado a la vez de su contenido, normalizando y uniformizando no sólo el estilo de vida de la gente, sino también su manera de pensar, al crear una "sociedad de consumo" y una "cultura de masas". En algún punto el progreso ha perdido en este proceso sus orientaciones y sus valores,
olvidando que su objetivo principal es el ser humano y que si se lo destruye, se pone fin al propio progreso.
En el mundo global y abierto en que vivimos, circunstancias nuevas imponen nuevas reglas de conducta, ya que en una situación de interdependencia creciente entre los individuos y los pueblos no se puede obtener una ventaja unilateral para sí mismo a expensas de otro sin causar en última instancia un perjuicio tanto a uno mismo como a la comunidad internacional en su conjunto. No se puede construir una paz sólidamente
sin justicia y desarrollo sostenible, ni una paz duradera sin respeto de la dignidad humana y los derechos humanos. Según cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en 1960 al 20% más pobre de la población del planeta correspondía 2,3% de la renta mundial, proporción que en 1997 se había reducido a 1,1%. De acuerdo con los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 250 millones
de niños de edades comprendidas entre los 5 y los 14 años se ven obligados a trabajar, la mitad de ellos en jornada laboral completa.
Los seres humanos son la medida de todas las cosas. Sin ellos no puede haber progreso.
La historia nos incita a sacar conclusiones de las experiencias del pasado, y una de las más importantes es que el recurso a la fuerza conduce a la autodestrucción. Muchos de los problemas de nuestros días se pueden resolver pacíficamente si creemos que la mente del hombre es más fuerte que sus puños.
A fin de evitar la violencia, se deben descubrir y extirpar las raíces que son su causa. Es mucho más humano y eficaz prevenir los conflictos que atajarlos. Esta es la esencia del concepto de una cultura de paz y no violencia que se presenta en el informe preliminar sobre una cultura de paz preparado por el Director General de la UNESCO y dirigido a las Naciones Unidas (documento 154 EX/42).
Nosotros, los participantes en el Foro Internacional de Kishinev, apoyamos las posiciones expuestas en ese informe y consideramos que la transición de una cultura de violencia y guerra a una cultura de paz y no violencia constituye la prioridad máxima de la comunidad internacional en los albores de un nuevo siglo y un nuevo milenio.
Esto significa que los valores, actitudes y comportamientos que han ido arraigando bajo la influencia de la cultura de guerra deben transformarse en otros nuevos, favorables a una cultura de paz. Una cultura de paz es la transición de la lógica de la fuerza y el miedo a una lógica de razón y amor.
Debemos asimilar y promover los preceptos básicos de una cultura de paz:
- respetar la vida, la dignidad y los derechos humanos;
- rechazar toda forma de violencia y prevenir los conflictos eliminando sus causas fundamentales mediante el diálogo y la negociación;
- respetar la igualdad de derechos y oportunidades para hombres y mujeres;
- respetar el derecho de cada individuo a la libertad de opinión y de información;
- atenerse a los principios de democracia, libertad y tolerancia, diversidad cultural y diálogo entre los pueblos, entre grupos étnicos, religiosos y otros y entre las personas;
- acatar los principios de justicia social, solidaridad y asistencia a los débiles y desfavorecidos;
- contribuir al desarrollo humano de la sociedad y a la protección del medio ambiente en beneficio de las generaciones presentes y futuras;
- promover y hacer realidad el derecho de todo ser humano a la paz, que constituye el fundamento de una verdadera cultura de paz.
Frente a las nuevas condiciones impuestas por la mundialización y la interdepencia, la conclusión a que llegó la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI en su informe a la UNESCO de que debemos "aprender a vivir juntos" cobra una importancia excepcional.
Ello supone que la educación y la enseñanza han de comenzar en la familia y la escuela y en las actividades sociales subsiguientes de las personas, sin olvidar las que se producen a través de los medios de comunicación, y que se deben inculcar los principales principios interrelacionados de una cultura de paz:
- no hay paz duradera si no se respeta la dignidad de las personas y los pueblos;
- no hay paz duradera sin libertad y democracia;
- no hay paz duradera sin justicia y desarrollo sostenible.
Una cultura de paz no es una meta final, sino un proceso de transformación a largo plazo de los valores, las actitudes y las relaciones de los individuos y las comunidades.
El objetivo esencial de la cultura de paz es alentar a las generaciones presentes y futuras a desempeñar un papel activo en la creación de un mundo más humano, justo, libre y próspero, sin guerra y sin violencia.
Para consolidar una cultura de paz es necesario:
- con respecto a la educación y la enseñanza, introducir los cambios correspondientes en el contenido, los métodos y las relaciones entre la administración, los docentes y los alumnos y entre las instituciones educativas, las familias y el mundo laboral;
- en relación con la construcción de una sociedad civil, lograr que todos los ciudadanos participen activamente en la adopción de decisiones sobre asuntos políticos, económicos, sociales y culturales de acuerdo con los de la democracia y la armonía entre el hombre, la sociedad y el medio ambiente, base de una cultura de paz;
- en lo que atañe a la salvaguardia de los derechos humanos, adoptar medidas para que el Estado y los poderes legislativo y ejecutivo respeten y protejan los derechos humanos y las libertades fundamentales como garantías de una cultura de paz;
- por lo que se refiere a la información, salvaguardar la libertad de opinión y de expresión de ideas y el derecho a una información fiable, a fin de facilitar el fortalecimiento del entendimiento mutuo, el respeto y la tolerancia;
- en cuanto a la actividad filosófica, científica y creativa, tratar de facilitar el intercambio de conocimientos, experiencia y riquezas artísticas en beneficio del entendimiento mutuo y del acercamiento de personas y pueblos.
Por el diálogo entre distintas culturas y civilizaciones
En un mundo en el que la interdependencia es cada vez mayor, se concede una importancia creciente al principio, corroborado por la experiencia de la civilización humana, según el cual la diversidad constituye la riqueza del mundo y pertenece a todos. En este sentido, cabe destacar la conclusión a la que se llegó en el informe presentado por la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo a la UNESCO de que, precisamente,
gracias a la cultura se pueden concebir maneras variadas y pacíficas de vivir juntos.
La diversidad puede ser fuente de interés mutuo y, por ende, de motivación y energía renovadas para la interacción de distintas culturas.
El proceso objetivo de acercamiento entre países mediante la información y la comunicación nos convierte en vecinos, en el sentido literal del término, y facilita el diálogo y la cooperación mutuos. Es importante que este diálogo se lleve a cabo de acuerdo con los principios de respeto mutuo, tolerancia y solidaridad en la acción conjunta para hacer frente a las amenazas que se ciernen en el plano mundial.
Consideramos que las conclusiones del Fórum Internacional de Tiflis (1995) "Por la Solidaridad contra la Intolerancia, por un Diálogo Cultural" son pertinentes en este ámbito: "En la sociedad global de nuestros días, la tolerancia se convierte no sólo en una virtud, sino también en un requisito para la supervivencia de la humanidad. La tolerancia es la comprensión y el respeto de las culturas,
creencias y estilos de vida de los demás. La tolerancia es la aceptación de las diferencias que existen dentro de nuestras sociedades y entre nuestras culturas. La tolerancia es una actitud que considera la diversidad del mundo como parte de nuestro patrimonio común".
Nosotros, los participantes en el Foro, acogemos con satisfacción y apoyamos activamente los esfuerzos realizados por la UNESCO y las Naciones Unidas para promover los ideales de una cultura de paz, tolerancia y diálogo entre distintas civilizaciones en el camino hacia la construcción de un mundo más humano, más justo y más próspero y, por tanto, exhortamos al Consejo Económico y Social y a la Asamblea General de
las Naciones Unidas a que adopten una decisión en la que se proclame un Decenio para la Educación sobre una Cultura de Paz y No Violencia que comenzaría en el año 2001.
Partimos de la premisa de que con ello tendría más realce la celebración del Año Internacional de la Cultura de la Paz y se facilitaría la movilización de esfuerzos internacionales para erradicar la violencia, prevenir las guerras y crear y consolidar una cultura de paz duradera.
Esta información es dada por: UNESCO
Unidad Cultura de Paz (CPP) Comunicación i Información
7, place de Fontenoy 75352 París 07 SP
FRANCIA
Tfo: (+33 1) 45 68 12 19 Fax: (+33 1) 45 68 55 57
e-mail: cofpeace@unesco.org nternet: www.unesco.org/cpp
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Declaración sobre contribución de las mujeres
a una cultura de paz
(Cuarta Conferencia Mundial de las Naciones Unidas
sobre la Mujer)
Beijing, China, 4-15 de septiembre de 1995
En el umbral del siglo XXI, un movimiento dinámico hacia una cultura de paz obtiene su inspiración y su esperanza de las percepciones y acciones de las mujeres.
Es importante sacar fuerzas de la diversidad cultural y volver a definir el concepto de seguridad de forma que abarque la seguridad ecológica, económica, social, cultural y personal. Es primordial sustituir las relaciones desiguales entre los géneros por una igualdad auténtica y práctica entre hombres y mujeres para que las democracias puedan ser realmente participativas.
El nuestro sigue siendo un planeta armado y belicoso. Simplemente en la primera mitad de este decenio, más de noventa conflagraciones de diversos tipos se han cobrado un gran número de vidas humanas, han retrasado el desarrollo social y económico y han reducido los recursos mundiales. Las mujeres siguen sufriendo violaciones sistemáticas de sus derechos humanos y permaneciendo, en buena medida, excluidas de los procesos de
adopción de decisiones. En situaciones de guerra y ocupación militar, las mujeres son, hasta un grado alarmante, el blanco y las víctimas de atrocidades y agresiones.
Para combatir la guerra como expresión suprema de la cultura de violencia tenemos que resolver problemas como la violencia que se ejerce contra las mujeres en el hogar, los actos y reflejos de agresión e intolerancia en la vida cotidiana, la trivialización de la violencia en los medios de comunicación, la glorificación implícita de la guerra en la enseñanza de la historia, el tráfico de armas y de drogas, el terrorismo
y la negación de los derechos humanos fundamentales y las libertades democráticas.
Una cultura de paz exige que hagamos frente a la violencia de la penuria económica y social. La pobreza y las injusticias sociales, como la exclusión y la discriminación, repercuten con especial fuerza en las mujeres. Es indispensable corregir las asimetrías flagrantes de riqueza y oportunidades dentro de cada país y entre los distintos países para atajar de raíz las causas de la violencia en el mundo.
La igualdad, el desarrollo y la paz están inextricablemente unidos. No puede haber paz duradera sin desarrollo, del mismo modo que no puede haber un desarrollo sostenible sin una plena igualdad entre hombres y mujeres.
El nuevo milenio ha de representar un nuevo comienzo. Hemos de esforzarnos por evitar la violencia en todos los niveles, examinar alternativas a los conflictos violentos y forjar actitudes de tolerancia e interés activo hacia los demás. La sociedad humana tiene capacidad para afrontar los conflictos de modo que se conviertan en parte de una dinámica de cambio positivo. Siempre y cuando se lleven a cabo con la plena
participación de las mujeres, las acciones para poner fin a una cultura omnipresente de violencia no están fuera del alcance de las poblaciones y los gobiernos del mundo.
Los esfuerzos por alcanzar una cultura de paz deben basarse en la educación; como se afirma en la Constitución de la UNESCO: Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz.
Las niñas y mujeres constituyen una gran mayoría de los excluidos de la educación en todo el mundo. Garantizar la igualdad de acceso y de oportunidades entre los sexos en materia de educación es un requisito previo para lograr los cambios de actitudes y mentalidades de los que depende una cultura de paz.
La igualdad en la educación es la clave para cumplir otros requisitos de una cultura de paz, entre ellos los siguientes: el pleno respeto de los derechos humanos de las mujeres; la liberación y utilización del potencial creativo de las mujeres en todos los aspectos de la vida; la coparticipación en el poder y la igual participación en la adopción de decisiones por parte de mujeres y hombres; la reorientación de las
políticas sociales y económicas para que las oportunidades sean las mismas y se establezcan modelos nuevos y más equitables de relaciones entre los géneros, todo lo cual presupone una reforma radical de las estructuras y los procesos sociales.
La capacidad de dirección de las mujeres debe aprovecharse plenamente y en beneficio de todos para avanzar hacia una cultura de paz. Su participación históricamente escasa en el gobierno ha dado lugar a una deformación de los conceptos y a una limitación de los procesos. En ámbitos como la prevención de los conflictos, el fomento del diálogo intercultural y la reparación de la injusticia socioeconómica, las mujeres
pueden generar enfoques innovadores y sumamente necesarios para la edificación de la paz.
Las mujeres aportan a la causa de la paz entre los pueblos y las naciones experiencias, competencias y perspectivas diferentes. La función que cumplen las mujeres de dar y sustentar la vida les ha proporcionado aptitudes e ideas esenciales para unas relaciones humanas pacíficas y para el desarrollo social. Las mujeres se adhieren con menos facilidad que los hombres al mito de la eficacia de la violencia y pueden aportar una
amplitud, una calidad y un equilibrio de visión nuevos con miras al esfuerzo común que supone pasar de una cultura de guerra a una cultura de paz.
Con este fin, los abajo firmantes nos comprometemos a :
· apoyar los esfuerzos nacionales e internacionales para garantizar la igualdad de acceso a todas las formas de oportunidades de aprendizaje, con objeto de facilitar el acceso de las mujeres al poder y a la adopción de decisiones;
· propiciar una educación de adecuada calidad que enseñe los derechos humanos de hombres y mujeres, las aptitudes para la resolución no violenta de los conflictos, el respeto del medio ambiente natural, el entendimiento intercultural y la conciencia de la interdependencia mundial, que son componentes fundamentales de una cultura de paz;
· fomentar nuevos enfoques del desarrollo que tengan en cuenta las prioridades y perspectivas de las mujeres;
· oponernos al uso abusivo de la religión y de prácticas culturales y tradicionales con fines discriminatorios;
· procurar reducir las repercusiones directas e indirectas de la cultura de guerra en las mujeres, en forma de violencia física y sexual o de abandono de los servicios sociales en favor de gastos militares excesivos;
· favorecer la libertad de expresión de las mujeres y su participación en los medios de comunicación, así como el empleo de un lenguaje y unas imágenes no sexistas;
· fomentar el conocimiento y la observancia de los instrumentos normativos internacionales sobre los derechos humanos de niñas y mujeres y difundirlos ampliamente para mejorar el bienestar de todos, hombres y mujeres, sin olvidar a los grupos más vulnerables de las sociedades;
· prestar nuestro apoyo a las estructuras gubernamentales e intergubernamentales y a las asociaciones de mujeres y ONG's empeñadas en el desarrollo de una cultura de paz basada en la igualdad entre mujeres y hombres.
· Las signatarias apelamos a las mujeres y a los hombres de buena voluntad y de distintos orígenes culturales, diferentes creencias religiosas y diversa procedencia étnica y social a que se unan a nosotros en un esfuerzo mundial por edificar, en la solidaridad y la compasión, una cultura de paz en el ámbito doméstico y en la esfera pública.
· Únicamente juntos, hombres y mujeres a la par y como compañeros, podemos superar los obstáculos y la inercia, el silencio y la frustración y lograr la perspicacia, la voluntad política, las ideas creativas y las acciones concretas necesarias para una transición mundial de una cultura de violencia a una cultura de paz.
Esta información es dada por: UNESCO
Unidad Cultura de Paz (CPP) Comunicación i Información
7, place de Fontenoy 75352 París 07 SP
FRANCIA
Tfo: (+33 1) 45 68 12 19 Fax: (+33 1) 45 68 55 57
e-mail: cofpeace@unesco.org nternet: www.unesco.org/cpp
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Declaración de Principios sobre la Tolerancia
Proclamada y firmada el 16 de noviembre de 1995
Los Estados Miembros de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura congregados en París con motivo de la 28ª reunión de la Conferencia General, del 25 de octubre al 16 de noviembre de 1995,
Preámbulo
Teniendo presente que la Carta de las Naciones Unidas declara "Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, ... a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, ... y con tales finalidades a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos",
Recordando que en el Preámbulo de la Constitución de la UNESCO, aprobada el 16 de noviembre de 1945, se afirma que la "paz debe basarse en la solidaridad intelectual y moral de la humanidad",
Recordando asimismo que en la Declaración Universal de Derechos Humanos se afirma que "toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión" (Artículo 18), "de opinión y de expresión" (Artículo 19) y que la educación "favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos" (Artículo
26),
Tomando nota de los siguientes instrumentos internacionales pertinentes:
· el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos,
· el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales,
· la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial,
· la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio,
· la Convención sobre los Derechos del Niño,
· la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados, su Protocolo de 1967 y sus instrumentos regionales,
· la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer,
· la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes,
· la Declaración sobre la eliminación de todas las formas de intolerancia y de discriminación fundadas en la religión o en las creencias,
· la Declaración sobre los derechos de las personas pertenecientes a minorías nacionales o étnicas, religiosas y lingüísticas,
· la Declaración sobre las medidas para eliminar el terrorismo internacional,
· la Declaración y Programa de Acción de Viena de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos,
· la Declaración de Copenhague sobre el Desarrollo Social y el Programa de Acción de la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social,
· la Declaración sobre la Raza y los Prejuicios Raciales (de la UNESCO),
· la Convención y la Recomendación relativas a la Lucha contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza (de la UNESCO),
Teniendo presentes los objetivos del Tercer Decenio de la Lucha contra el Racismo y la Discriminación Racial, el Decenio de las Naciones Unidas para la Educación en la Esfera de los Derechos Humanos y el Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo,
Teniendo en cuenta las recomendaciones de las conferencias regionales organizadas en el marco del Año de las Naciones Unidas para la Tolerancia de conformidad con la Resolución 27 C/5.14 de la Conferencia General de la UNESCO, así como las conclusiones y recomendaciones de otras conferencias y reuniones organizadas por los Estados Miembros en el marco del programa del Año de las Naciones Unidas para la
Tolerancia,
Alarmada por la intensificación actual de los actos de intolerancia, violencia, terrorismo, xenofobia, nacionalismo agresivo, racismo, antisemitismo, exclusión, marginación y discriminación perpetrados contra minorías nacionales, étnicas, religiosas y lingüísticas, refugiados, trabajadores migrantes, inmigrantes y grupos vulnerables de la sociedad, así como por los actos de violencia e intimidación contra
personas que ejercen su derecho de libre opinión y expresión - todos los cuales constituyen amenazas para la consolidación de la paz y de la democracia en el plano nacional e internacional y obstáculos para el desarrollo,
Poniendo de relieve que corresponde a los Estados Miembros desarrollar y fomentar el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos, sin distinciones por raza, género, lengua, origen nacional, religión o discapacidad, así como en el combate contra la intolerancia,
adoptan y proclaman solemnemente la siguiente
Declaración de Principios sobre la Tolerancia
Resueltos a adoptar todas las medidas positivas necesarias para fomentar la tolerancia en nuestras sociedades, por ser ésta no sólo un preciado principio, sino además una necesidad para la paz y el progreso económico y social de todos los pueblos,
Declaramos lo que sigue:
Artículo 1 Significado de la tolerancia
1.1 La tolerancia consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y medios de ser humanos. La fomentan el conocimiento, la actitud de apertura, la comunicación y la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. La tolerancia consiste en la armonía en la diferencia. No sólo es un deber moral, sino además una exigencia
política y jurídica. La tolerancia, la virtud que hace posible la paz, contribuye a sustituir la cultura de guerra por la cultura de paz.
1.2 Tolerancia no es lo mismo que concesión, condescendencia o indulgencia. Ante todo, la tolerancia es una actitud activa de reconocimiento de los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los demás. En ningún caso puede utilizarse para justificar el quebrantamiento de estos valores fundamentales. La tolerancia han de practicarla los individuos, los grupos y los Estados.
1.3 La tolerancia es la responsabilidad que sustenta los derechos humanos, el pluralismo (comprendido el pluralismo cultural), la democracia y el Estado de derecho. Supone el rechazo del dogmatismo y del absolutismo y afirma las normas establecidas por los instrumentos internacionales relativos a los derechos humanos.
1.4 Conforme al respeto de los derechos humanos, practicar la tolerancia no significa tolerar la injusticia social ni renunciar a las convicciones personales o atemperarlas. Significa que toda persona es libre de adherirse a sus propias convicciones y acepta que los demás se adhieran a las suyas. Significa aceptar el hecho de que los seres humanos, naturalmente caracterizados por la diversidad de su aspecto, su situación,
su forma de expresarse, su comportamiento y sus valores, tienen derecho a vivir en paz y a ser como son. También significa que uno no ha de imponer sus opiniones a los demás.
Artículo 2 La función del Estado
2.1 En el ámbito estatal, la tolerancia exige justicia e imparcialidad en la legislación, en la aplicación de la ley y en el ejercicio de los poderes judicial y administrativo. Exige también que toda persona pueda disfrutar de oportunidades económicas y sociales sin ninguna discriminación. La exclusión y la marginación pueden conducir a la frustración, la hostilidad y el fanatismo.
2.2 A fin de instaurar una sociedad más tolerante, los Estados han de ratificar las convenciones internacionales existentes en materia de derechos humanos y, cuando sea necesario, elaborar una nueva legislación, que garantice la igualdad de trato y oportunidades a todos los grupos e individuos de la sociedad.
2.3 Para que reine la armonía internacional, es esencial que los individuos, las comunidades y las naciones acepten y respeten el carácter multicultural de la familia humana. Sin tolerancia no puede haber paz, y sin paz no puede haber desarrollo ni democracia.
2.4 La intolerancia puede revestir la forma de la marginación de grupos vulnerables y de su exclusión de la participación social y política, así como de la violencia y la discriminación contra ellos. Como confirma el Artículo 1.2 de la Declaración sobre la Raza y los Prejuicios Raciales, "todos los individuos y los grupos tienen derecho a ser diferentes".
Artículo 3 Dimensiones sociales
3.1 En el mundo moderno, la tolerancia es más esencial que nunca. Nuestra época se caracteriza por la mundialización de la economía y una aceleración de la movilidad, la comunicación, la integración y la interdependencia; la gran amplitud de las migraciones y del desplazamiento de poblaciones; la urbanización y la transformación de los modelos sociales. El mundo se caracteriza por su diversidad, la intensificación
de la intolerancia y de los conflictos, lo que representa una amenaza potencial para todas las regiones. Esta amenaza es universal y no se circunscribe a un país en particular.
3.2 La tolerancia es necesaria entre los individuos, así como dentro de la familia y de la comunidad. El fomento de la tolerancia y la inculcación de actitudes de apertura, escucha recíproca y solidaridad han de tener lugar en las escuelas y las universidades, mediante la educación extraescolar y en el hogar y en el lugar de trabajo. Los medios de comunicación pueden desempeñar una función constructiva, facilitando
un diálogo y un debate libres y abiertos, difundiendo los valores de la tolerancia y poniendo de relieve el peligro que representa la indiferencia al ascenso de grupos e ideologías intolerantes.
3.3 Como se afirma en la Declaración de la UNESCO sobre la Raza y los Prejuicios Raciales, es preciso adoptar medidas, donde hagan falta, para garantizar la igualdad en dignidad y derechos de los individuos y grupos humanos. A este respecto se debe prestar especial atención a los grupos vulnerables socialmente desfavorecidos para protegerlos con las leyes y medidas sociales en vigor, especialmente en materia de vivienda, de
empleo y de salud; respetar la autenticidad de su cultura y sus valores y facilitar su promoción e integración social y profesional, en particular mediante la educación.
3.4 A fin de coordinar la respuesta de la comunidad internacional a este reto universal, se deben realizar y crear, respectivamente, estudios y redes científicos apropiados, que comprendan el análisis, mediante las ciencias sociales, de las causas fundamentales y de las medidas preventivas eficaces, así como la investigación y la observación destinadas a prestar apoyo a los Estados Miembros en materia de formulación
de políticas y acción normativa.
Artículo 4 Educación
4.1 La educación es el medio más eficaz de prevenir la intolerancia. La primera etapa de la educación para la tolerancia consiste en enseñar a las personas los derechos y libertades que comparten, para que puedan ser respetados y en fomentar además la voluntad de proteger los de los demás.
4.2 La educación para la tolerancia ha de considerarse un imperativo urgente; por eso es necesario fomentar métodos sistemáticos y racionales de enseñanza de la tolerancia que aborden los motivos culturales, sociales, económicos, políticos y religiosos de la intolerancia, es decir, las raíces principales de la violencia y la exclusión. Las políticas y los programas educativos deben contribuir al desarrollo del
entendimiento, la solidaridad y la tolerancia entre los individuos, y entre los grupos étnicos, sociales, culturales, religiosos y lingüísticos, así como entre las naciones.
4.3 La educación para la tolerancia ha de tener por objetivo contrarrestar las influencias que conducen al temor y la exclusión de los demás, y ha de ayudar a los jóvenes a desarrollar sus capacidades de juicio independiente, pensamiento crítico y razonamiento ético.
4.4 Nos comprometemos a apoyar y ejecutar programas de investigación sobre ciencias sociales y de educación para la tolerancia, los derechos humanos y la no violencia. Para ello hará falta conceder una atención especial al mejoramiento de la formación del personal docente, los planes de estudio, el contenido de los manuales y de los cursos y de otros materiales pedagógicos, como las nuevas tecnologías de la
educación, a fin de formar ciudadanos atentos a los demás y responsables, abiertos a otras culturas, capaces de apreciar el valor de la libertad, respetuosos de la dignidad y las diferencias de los seres humanos y capaces de evitar los conflictos o de resolverlos por medios no violentos.
Artículo 5 Compromiso para la acción
Nos comprometemos a fomentar la tolerancia y la no violencia mediante programas e instituciones en los ámbitos de la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación.
Artículo 6 Día Internacional para la Tolerancia
A fin de hacer un llamamiento a la opinión pública, poner de relieve los peligros de la intolerancia y reafirmar nuestro apoyo y acción en pro del fomento de la tolerancia y de la educación en favor de ésta, proclamamos solemnemente Día Internacional para la Tolerancia el día 16 de noviembre de cada año.
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RECOMENDACIONES
De la Reunión del Grupo de Expertos
"Roles masculinos y masculinidades desde el punto de vista de
una Cultura de Paz"
Oslo, Noruega, 24 - 28 de septiembre de 1997
Generalidades
1. La reunión de expertos ha estado de acuerdo en que la labor relativa a las cuestiones masculinas en relación con la violencia y la paz sólo puede tener éxito en el contexto de un movimiento amplio en pro de la igualdad de los sexos y la no violencia. Por consiguiente, consideramos indispensable que prosigan y se fortalezcan las políticas e iniciativas que actualmente se aplican para reducir la violencia, promover la
desmilitarización, aumentar la igualdad económica y política entre la mujer y el hombre, combatir la discriminación de todo tipo, fomentar la creatividad y las manifestaciones culturales y obras de arte relacionadas con la paz, y difundir las ideas y las técnicas de una cultura de paz.
En este contexto, proponemos las siguientes medidas específicas en relación con los roles masculinos y las masculinidades:
La condición de padres
2. Fomentar las iniciativas que subrayen que los hombres tanto como las mujeres son responsables de la crianza de los hijos, y fomentar prácticas de crianza de los hijos basadas en el apoyo emocional, la empatía y la no violencia.
3. Apoyar los programas de planificación familiar que destaquen que la responsabilidad de la procreación es compartida por hombres y mujeres.
4. Alentar a todos los países a que adopten una licencia de paternidad apoyada por el Estado, además de la licencia por maternidad, e inducir a los sindicatos, las asociaciones profesionales y las empresas a que respalden tales políticas.
La educación
5. La UNESCO debería apoyar los programas escolares
i) preparando un estuche didáctico sobre un programa de estudios internacional acerca de las diversas formas de masculinidad y el hombre en relación con una cultura de paz;
ii) organizando proyectos piloto para la formación de maestros en métodos eficaces contra la discriminación y la violencia (por ejemplo, el sexismo, la homofobla y el racismo).
6. Los sistemas escolares deberían
i) impartir formación para niños, niñas y educadores en técnicas de solución de conflictos, expresiones de la emoción y comunicación intergrupal;
ii) preparar recursos didácticos y manuales que representen el comportamiento no violento y no agresivo de los hombres.
27. La UNESCO, por conducto de su programa de Cátedras, debería apoyar cátedras universitarias sobre cuestiones de género, incluida la cuestión de los hombres y las formas de masculinidad en relación con una cultura de paz, y respaldar acciones análogas en el Programa UNITWIN.
La comunidad
8. Apoyar a los grupos y movimientos comunitarios que hagan participar a los hombres y los niños en la exploración de los cambios en la masculinidad con miras a una cultura de paz.
9. Promover la organización de deportes y juegos no violentos y más cooperativos.
El trabajo y la economía
10. Alentar a los gobiernos, las empresas y los sindicatos a que fomenten formas de vida laboral que tengan en cuenta a la familia, incluidos programas de formación para poner fin al acoso sexual en el lugar de trabajo.
11. Respaldar y alentar a los hombres y las mujeres para que escojan empleos no tradicionales y reduzcan las barreras de género en la vida laboral.
12. Fomentar el desarrollo de culturas de gestión que tengan en cuenta el género en las empresas y las burocracias (incluida la ayuda internacional), para reemplazar a las culturas de predominio masculino.
La policía y el ejército
13. Las Naciones Unidas deberían preparar un programa de formación que tenga en cuenta el género para el personal de las misiones de mantenimiento de la paz, que incluyera todas las funciones representadas en esas misiones.
14. Las fuerzas policiales deberían adoptar un enfoque sensible al género con respecto al tratamiento de la violencia en el hogar.
15. Las organizaciones militares y policiales deberían fomentar la participación de las mujeres y los hombres, y deberían incluir en la formación de todo el personal técnicas de negociación, la sensibilidad a1 género y la enseñanza de los derechos humanos.
16. La UNESCO debería alentar a todos los países a que propusieran trabajo de servicio comunitario en sustitución del servicio militar o como alternativa a éste.
La cultura
17. Promover debates sobre las representaciones masculinas en los medios de comunicación de masas, en los juegos de vídeo, en Internet y en la cultura de masas en general, a fin de crear foros para la reflexión comunitaria sobre el impacto de las imágenes violentas de la masculinidad, y las intervenciones críticas para promover alternativas.
18. Los gobiernos y las comunidades deberían reconocer la diversidad legítima de la sexualidad no violenta, incluidas las masculinidades homosexuales y heterosexuales.
19. La UNESCO debería explorar el potencial de las artes creativas en la construcción de nuevas masculinidades y de una cultura de paz sensible a los géneros.
La violencia contra la mujer
20. Apoyar los programas comunitarios entre hombres y niños para prevenir la violencia contra la mujer (tales como la White Ribbon Campaign del Canadá y ADAPT de Sudáfrica).
21. Fomentar los programas para hombres que golpean a las mujeres, basados en la responsabilidad ante las mujeres de la comunidad.
22. La UNESCO debería recopilar un repertorio internacional de recursos y organizaciones masculinas que trabajan para poner fin a la violencia contra la mujer.
La investigación
23. Apoyar la realización de estudios multidisciplinarios de las masculinidades y los roles masculinos, especialmente la investigación sobre las condiciones sociales y culturales que producen una masculinidad violenta y patriarcal.
24. La UNESCO debería apoyar la creación de asociaciones y redes internacionales con miras a las investigaciones en colaboración en este campo.
Las organizaciones del sector público
25. Alentar a los gobiernos, a los organismos de las Naciones Unidas y a otras organizaciones a que designen especialistas del personal sobre las masculinidades y las cuestiones masculinas, colocándolos en programas relacionados con el género y en programas de paz.
26. La UNESCO debería patrocinar volantes, artículos y recursos bibliográficos sobre los roles masculinos y las masculinidades, y difundirlos por conducto de las Comisiones Nacionales para la UNESCO, los sindicatos, el ejército, las fuerzas politicales y las organizaciones no gubernamentales.
Seguimiento
27. Debería haber un seguimiento de la reunión de Oslo: traducción y difusión de los documentos, consulta con los gobiernos y los educadores por parte de los participantes, reuniones regionales, y reencuentro dentro de un año en Internet, de los participantes en dicha reunión, a fin de examinar los progresos logrados.
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DECLARACION UNIVERSAL SOBRE LA DEMOCRACIA
adoptada* por el Consejo Interparlamentario
en su 161a sesión
(El Cairo, Egipto, septiembre de 1997)
El Consejo Interparlamentario,
Reafirmando el compromiso de la Unión Interparlamentaria en favor de la paz y del desarrollo y convencido de que el fortalecimiento del proceso de democratización y de las instituciones representativas contribuirá en gran manera al logro de este objetivo,
Reafirmando también la vocación y el compromiso de la Unión Interparlamentaria de promover la democracia y el establecimiento de sistemas pluralistas de gobierno representativo en el mundo, y deseoso de reforzar la acción continua y polifacética que desarrolla al respecto,
Recordando que cada Estado tiene derecho soberano a elegir y determinar libremente, conforme a la voluntad de su población, sus propios sistemas político, social, económico y cultural, sin injerencia de otros Estados en estricta conformidad con la Carta de las Naciones Unidas,
Recordando también la Declaración Universal de Derechos Humanos adoptada el 10 de diciembre de 1948, así como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, adoptados el 16 de diciembre de 1966, la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, adoptada el 21 de diciembre de 1965, y la
Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, adoptada el 18 de diciembre de 1979,
Recordando además la Declaración sobre los Criterios para Elecciones Libres y Justas adoptada en marzo de 1994, en la que se confirma que, en cualquier Estado, la autoridad del gobierno sólo puede fundarse en la voluntad del pueblo expresada en elecciones auténticas, libres
Visto también el Programa para la Democratización presentado, el 20 de diciembre de 1996, por el Secretario General de las Naciones Unidas en el 51o periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas,
Adopta la Declaración Universal sobre la Democracia que figura a continuación e insta a todos los gobiernos y los parlamentos a que se inspiren en su contenido.
PRINCIPIOS DE LA DEMOCRACIA
1. La democracia es un ideal universalmente reconocido y un objetivo basado en valores comunes compartidos por los pueblos que componen la comunidad mundial, cualesquiera sean sus diferencias culturales, políticas, sociales y económicas. Así pues es un derecho fundamental del ciudadano, que debe ejercer en condiciones de libertad, igualdad, transparencia y responsabilidad, con el debido respeto a la pluralidad de opiniones
y en interés de la comunidad.
2. La democracia es tanto un ideal que se ha de tratar de alcanzar como un modo de gobierno que se ha de aplicar conforme a modalidades que reflejan la diversidad de experiencias y de particularidades culturales, sin derogar principios, normas y reglas internacionalmente admitidos. Así pues, es un estado o una condición constantemente perfeccionado y siempre mejorable, cuya evolución depende de diversos factores políticos,
sociales, económicos y culturales.
3. Como ideal, la democracia trata fundamentalmente de mantener y promover la dignidad y los derechos fundamentales del individuo, garantizar la justicia social, facilitar el desarrollo económico y social de la colectividad, reforzar la cohesión de la sociedad, impulsar la tranquilidad nacional y crear un clima propicio para la paz internacional. Como forma de gobierno, la democracia es el mejor modo de conseguir esos
objetivos; es también el único sistema político capaz de corregirse a sí mismo.
4. El logro de la democracia supone una auténtica asociación entre hombres y mujeres para la buena marcha de los asuntos públicos, de modo que tanto los hombres como las mujeres actúen en igualdad y complementariedad, obteniendo un enriquecimiento mutuo a partir de sus diferencias.
5. El estado de democracia garantiza que los procesos de llegada al poder y de ejercicio y alternativa en el poder permitan una libre competencia política y surjan de una participación popular abierta, libre y no discriminatoria, ejercida conforme el dominio de la ley, tanto en la letra como en el espíritu.
6. La democracia es inseparable de los derechos enunciados en los instrumentos internacionales mencionados en el preámbulo. Por consiguiente, esos derechos deben aplicarse de modo efectivo y su ejercicio correcto ha de estar acompañado de responsabilidades individuales y colectivas.
7. La democracia se funda en la primacía del derecho y en el ejercicio de los derechos humanos. En un Estado democrático, nadie está por encima de la ley y todos los ciudadanos son iguales ante la ley.
8. La paz y el desarrollo económico, social cultural son tanto condiciones como frutos de la democracia. Existe auténtica interdependencia entre la paz, el desarrollo, y el respeto al estado de derecho y los derechos humanos.
ELEMENTOS Y EJERCICIO DEL GOBIERNO DEMOCRÁTICO
9. La democracia se basa en la existencia de instituciones bien estructuradas y que funcionen correctamente, así como en un cuerpo de normas y reglas y en la voluntad de toda la sociedad, plenamente consciente de sus derechos y responsabilidades.
10. Las instituciones democráticas tienen por función mediar en las tensiones y mantener el equilibrio entre las aspiraciones competidoras que son la diversidad y la uniformidad, tanto en lo individual como en lo colectivo, con objeto de reforzar la cohesión y la solidaridad sociales.
11. La democracia está basada en el derecho de todas las personas a participar en la gestión de los asuntos públicos; por ello requiere la existencia de instituciones representativas en todos los niveles, y en particular en el Parlamento, representativo de todos los componentes de la sociedad y dotado de poderes y medios para expresar la voluntad del pueblo legislando y controlando la acción gubernamental.
12. El elemento clave del ejercicio de la democracia es la celebración a intervalos periódicos de elecciones libres y justas, que permitan la expresión de la voluntad popular. Estas elecciones deben celebrarse sobre la base del sufragio universal, igual y secreto, de modo que todos los votantes puedan elegir a sus representantes en condiciones de igualdad, apertura y transparencia, que estimulen la competencia política.
Por ello, los derechos civiles y políticos son primordiales, y en particular entre ellos, los derechos a votar y a ser elegido, los derechos de libertad de expresión y reunión, el acceso a la información y el derecho a organizar partidos políticos y realizar actividades políticas. La organización, las actividades, la gestión financiera, la financiación y la ética de los partidos deben estar debidamente reglamentadas
de modo imparcial para garantizar la integridad de los procesos democráticos.
13. Una de las funciones primordiales del Estado consiste en garantizar a sus ciudadanos el goce de los derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales. La democracia va así unida a un gobierno eficaz, honrado y transparente, elegido libremente y responsable de su gestión.
14. Ser responsable ante los ciudadanos, elemento primordial de la democracia, se aplica a todas las autoridades públicas, elegidas o no, y a todos sus órganos sin excepción. Esa responsabilidad se manifiesta por el derecho del público a estar informado de las actividades del gobierno, a dirigirle peticiones y a buscar reparación por intermedio de mecanismos administrativos y judiciales imparciales.
15. La vida pública en su conjunto debe estar marcada por una sensación de ética y transparencia, motivo por el cual se deben elaborar y aplicar las normas y los procedimientos correspondientes.
16. La participación individual en los procesos democráticos y en la vida pública en todos los niveles debe estar reglamentada de modo equitativo e imparcial, evitando toda discriminación y el riesgo de intimidación por parte de responsables estatales y no estatales.
17. Las instituciones judiciales y los mecanismos de control independientes, imparciales y eficaces son la garantía del estado de derecho, fundamento de la democracia. Para que esas instituciones y mecanismos puedan cuidar plenamente del respeto de las normas, mejorar la equidad de los procedimientos y reparar las injusticias, es preciso que todas las personas tengan acceso a recursos administrativos y judiciales sobre la
base de la igualdad y del respeto a las decisiones administrativas y judiciales por parte de los órganos estatales, los representantes del poder público y cada miembro de la sociedad.
18. Si bien la existencia de una sociedad civil activa es un elemento primordial de la democracia, la capacidad y la voluntad de las personas de participar en los procesos democráticos y de elegir las modalidades de gobierno no pueden darse por sentadas. Por ello es necesario establecer condiciones que lleven al ejercicio auténtico de los derechos de participación, eliminando a la vez los obstáculos que eviten,
obstaculicen o inhiban dicho ejercicio. Por consiguiente, es indispensable fomentar permanentemente y de modo particular la igualdad, la transparencia y la educación, y eliminar obstáculos tales como la ignorancia, la intolerancia, la apatía, la falta de opciones y alternativas auténticas, y la ausencia de medidas destinadas a corregir los desequilibrios o la discriminación de carácter social, cultural, religioso y
racial, o basada en el sexo.
19. Para que el estado de democracia sea duradero se necesita un clima y una cultura democráticos nutridos constantemente y reforzados por la educación y por otros medios culturales y de información. Por ello, una sociedad democrática debe comprometerse en beneficio de la educación en el sentido más amplio del término, y en particular de la educación cívica y la formación de una ciudadanía responsable.
20. Los procesos democráticos se ven impulsados por un entorno económico favorable; por consiguiente, en su esfuerzo general de desarrollo, la sociedad debe comprometerse a satisfacer las necesidades económicas fundamentales de los más desfavorecidos, logrando así su plena integración en el proceso democrático.
21. El estado de democracia supone la libertad de opinión y de expresión, lo que implica el derecho a expresar opiniones sin interferencia y a buscar, recibir e impartir información e ideas por cualquier medio informativo y sin consideración de fronteras.
22. En las sociedades tanto homogéneas como heterogéneas, las - Instituciones y los procesos de la democracia deben favorecer la participación popular para proteger la diversidad, el pluralismo y el derecho a ser diferente en un clima de tolerancia.
23. Las instituciones y los procesos democráticos deben impulsar también la descentralización del gobierno y la administración, que es tanto un derecho como una necesidad, y que permite ampliar la base de la participación pública.
DIMENSIÓN INTERNACIONAL DE LA DEMOCRACIA
24. La democracia debe ser también reconocida como un principio internacional, aplicable a las organizaciones internacionales y a los Estados en sus relaciones internacionales. El principio de la democracia internacional no significa sólo la representación igual o equitativa de los Estados; se extiende también a sus derechos y deberes económicos.
25. Los principios de la democracia deben aplicarse a la gestión internacional de los problemas de interés mundial y del patrimonio común de la humanidad, en particular el medio ambiente humano.
26. En interés de la democracia internacional, los Estados deben cuidar de que su conducta se ajuste al derecho internacional, abstenerse del recurso a la amenaza o el empleo de la fuerza y de cualquier conducta que ponga en peligro o viole la soberanía y la integridad políticas y territoriales de otros Estados, adoptando las medidas necesarias para resolver sus diferencias por medios pacíficos.
27. Una democracia debe defender los principios democráticos en las relaciones internacionales. En ese sentido, las democracias deben abstenerse de toda conducta no democrática, expresar su solidaridad con los gobiernos democráticos y los actores no estatales, como son las organizaciones no gubernamentales que trabajan en favor de la democracia y los derechos humanos, y extender su solidaridad a todas las víctimas de
violaciones de los derechos humanos en manos de regímenes no democráticos. Con objeto de fortalecer la justicia penal internacional, las democracias deben rechazar la impunidad por los crímenes internacionales y las violaciones graves de los derechos humanos fundamentales y apoyar la creación de un tribunal criminal internacional permanente.
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